EL CIELO
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De la Divina Humanidad del Señor es de donde el Cielo, como un todo y una parte, se refleja en el hombre
78. Que el cielo en su totalidad y en sus partes representa a un hombre, lo cual es por virtud de lo Divino-Humano del Señor, sigue como conclusión de todo cuanto en los artículos precedentes se ha expuesto y manifestado. En los precedentes artículos ha sido expuesto:
(i) que el Señor es el Dios del cielo;
(ii) que lo Divino del Señor hace el cielo;
(iii) que el cielo consta de innumerables sociedades;
(iv) que el cielo en su conjunto representa aun solo hombre;
(v) que cada sociedad en el cielo igualmente representa a un hombre;
(vi) que por ello todo ángel tiene perfecta forma humana.
Todo esto conduce ala conclusión que lo Divino,
puesto que constituye el cielo, es Humano en su forma. Que esto es lo
Divino-Humano del Señor puede verse aun más claro por las referencias a
"Arcana Coelestia" que en el apéndice son consignadas y reunidas en
compendio. Que lo Humano del Señor es Divino y no como se cree en la
iglesia que lo humano del Señor no es Divino, puede también verse por
estos extractos, así como por la Doctrina de la Santa Jerusalén, al
final donde se trata del Señor.
79. Que así es me ha sido demostrado por múltiples experiencias; acerca de lo cual se dirá algo en lo que ahora sigue. Los ángeles que están en el cielo nunca perciben a lo Divino bajo otra forma que la humana; y—lo que es extraño—los que están en los cielos superiores no pueden pensar acerca de lo Divino de otra manera. La necesidad que tienen de pensar de esta manera les viene por lo Divino mismo que influye sobre ellos y también por la forma del cielo, con arreglo a lo cual sus pensamientos se extienden alrededor de ellos, porque todo pensamiento de los ángeles tiene su extensión en el cielo, y conforme esta extensión tienen inteligencia y sabiduría. De allí viene el que todos allí reconocen al Señor, puesto que lo Divino-Humano no existe sino en Él. Esto no solamente me ha sido manifestado por los ángeles, sino también me ha sido dado percibir al ser elevado a la esfera interior del cielo. Por esto es claro que cuanto más sabios son los ángeles tanto más distintamente perciben estas cosas; y de allí viene el que el Señor aparece a ellos; porque el Señor aparece en Divina forma angélica, que es la humana, a aquellos que reconocen y creen en una Divinidad visible, pero no a aquellos que creen en una Divinidad invisible. Los primeros pueden ver a su Divino; estos últimos no pueden verlo.
80.
Siendo así que los ángeles no perciben un Divino invisible, cuyo Divino
llaman un Divino sin forma, sino un Divino visible en forma humana,
tienen por costumbre el decir que sólo el Señor es Hombre, y que ellos
son hombres por Él, y que cada uno tanto es hombre cuanto recibe a Él.
Por recibir a Él entienden recibir bien, y la verdad que emanan de Él,
puesto que el Señor mora en Su bien y en Su verdad; a esto llaman
también sabiduría é inteligencia; dicen que todos saben que la
inteligencia y la sabiduría hacen el hombre, y no el rostro sin ellos;
que esto es así consta también por los ángeles del cielo interior; por
hallarse estos por el Señor en el bien y en la verdad, y por ello en
sabiduría é inteligencia, tienen la más bella y más perfecta forma
humana; y los ángeles de los cielos inferiores la tienen menos perfecta
y bella, siendo lo contrario en el infierno; los que están allí, vistos
en la luz del cielo, apenas parecen hombres, sino monstruos; porque se
hallan en el mal y en el error, y no en el bien y en la verdad, por
consiguiente en oposición a la sabiduría y a la inteligencia, por cuya
razón la vida de ellos tampoco se llama vida sino muerte espiritual.
81. Puesto que el cielo en totalidad y en parte representa a un
hombre debido a lo Divino-Humano del Señor, los ángeles dicen que están
en el Señor, y algunos que están en su cuerpo, por lo cual entienden
estar en el bien de su amor; como también el Señor enseña diciendo:
Estad en
Mí y Yo en vosotros; como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo
si no estuviere en la vid, así ni vosotros si no estuviereis en Mí...
porque sin Mí nada podéis hacer... estad en Mi amor, si guardareis Mis
mandamientos, estaréis en Mi amor (Juan 15: 4-10).
82.
Por existir
en el cielo tal percepción de lo Divino se halla implantado en todo
hombre que recibe algún influjo del cielo el pensar de Dios bajo forma
humana; así pensaban los hombres primitivos, así piensan también los
actuales, tanto los de la iglesia cuanto los de fuera de ella. Los
simples le ven a Él con el pensamiento como el anciano en
resplandeciente luz; pero este sentimiento íntimo ha sido extinguido en
aquellos que han rechazado el influjo del cielo por su propia
inteligencia y por su mala vida; aquellos que lo han apagado mediante su
propia inteligencia quieren un Dios invisible; los que por otra parte lo
han hecho por su mala vida no quieren Dios alguno. Aquellos y estos
últimos no saben que hay tal (percepción) implantada, puesto que no se
halla en ellos, siendo, sin embargo, así que esta percepción es lo
Divino celestial mismo, que del cielo influye en primer lugar en el
hombre, puesto que el hombre ha nacido para el cielo, y nadie viene al
cielo sin idea de lo Divino.
83.
Por esta razón, el que no tiene idea del cielo, es decir idea de
lo Divino de lo cual viene el cielo, no puede ser elevado (siquiera) al
primer umbral del cielo; apenas llegue allí, experimenta resistencia y
fuerte aprensión. La causa es que los interiores en él, que son
receptáculo del cielo, están cerrados por no hallarse en la forma del
cielo, y cuanto más se acerca al cielo tanto más fuerte se cierran.
Tal es
la suerte de aquellos dentro de la iglesia ""que niegan al Señor y de
los que, como los Socinianos, niegan Su Divinidad. Cual, por otra parte,
es la suerte de los que han nacido fuera de la iglesia, por quienes el
Señor no es conocido por no tener ellos el Verbo, se verá en lo que
sigue.
84.
Prueba de que los ancianos tenían la idea de lo Divino como
siendo un Humano se ve en las apariciones de la Divinidad ante Abrahán,
Lot, Josué, Gedeón, Manoach, su esposa y otros, quienes, por más que
vieron a Dios como Hombre, sin embargo adoraron a Él como el Dios del
Universo, llamándole el Dios del cielo y de la tierra, y también Jehová.
Que era el Señor a quien vio Abrahán, enseña Él mismo según Juan (8:
56); que también era Él quien apareció a los otros es evidente por las
palabras del Señor:
Que
nadie vio al Padre, ni a su parecer ni oyó su voz (Juan 1: 18; 5: 37).
85.
Pero aquellos que juzgan de todo por las cosas sensuales del
hombre exterior pueden difícilmente comprender que Dios es hombre,
porque el hombre sensual puede pensar de Dios únicamente según el mundo
y las cosas que en el mismo hay; o sea que no pueden pensar del Hombre
Divino y espiritual de otra manera que del hombre corporal y material.
Concluye, por lo tanto, que si Dios fuese hombre habría, en cuanto a
tamaño, de ser como el universo, y si gobernase el cielo y la tierra
habría de ser por conducto de muchos como gobiernan los reyes en el
mundo. Si se les dijese que en el cielo no. hay extensión de espacio
como en el mundo no lo concebirían en manera alguna, porque el que
piensa por la naturaleza, y tan sólo por la luz de ella, piensa siempre
con respecto a extensión, de tal manera cual se manifiesta delante de
los ojos. Pero se engañan en el más alto grado cuando piensan de igual
manera acerca del cielo. La extensión que hay allí no es como la
extensión que hay en el mundo; en el mundo la extensión es determinada
y, por lo tanto, mensurable, pero en el cielo la extensión es
indeterminada y, por lo tanto, inmensurable.
Pero de
extensión en el cielo se verá más adelante, donde se tratará del espacio
y del tiempo en el mundo espiritual. Además todos saben cuanto se
extiende la vista de los ojos, es decir, hasta el sol y las estrellas,
que tanto distan. Los que piensan más a fondo saben también que la vista
interior, que es la del pensamiento, se extiende aun más lejos; ¿hasta
dónde, pues, no se extiende la vista Divina, la más interior y la más
suprema? Por tener los pensamientos tal extensión todo el cielo comunica
con cada uno allí, por consiguiente todo lo Divino, que hace el cielo y
que le llena, según queda manifestado en los artículos que preceden.
86. Los que están en el cielo se asombran de que
se creen entendidos los hombres que, al pensar en Dios, piensan en una
cosa invisible, o en una cosa que sería incomprensible si estuviera bajo
cualquier forma, y de que estos hombres llaman no entendidos y también
simples a los que piensan de otra manera, siendo sin embargo así que es
todo lo contrario. Dicen que si aquellos, que por estas cosas se creen
entendidos, se examinaran a sí mismos—¿en vez de Dios, acaso no verían
la naturaleza?—algunos de ellos la que se halla delante de los ojos,
otros, la que no se halla delante de los ojos—¿no se sentirían ciegos
hasta el punto de ignorar lo que es un Dios, lo que es un ángel, un
espíritu, y lo que es su alma que ha de vivir después de la muerte; lo
que es la vida del cielo en el hombre y mil otras cosas pertenecientes
al entendimiento?—mientras que los que califican de simples sin embargo
saben todo esto a su manera, tienen la idea de su Dios de que Él es la
Divinidad en forma Humana, la idea de un ángel de que es un hombre
celestial, de su alma que ha de vivir después de la muerte, la idea de
que es como un ángel y de la vida del cielo en el hombre de que es vivir
conforme los Divinos mandamientos. A estos los ángeles llaman por lo
mismo entendidos y aptos para el cielo, a los primeros, por el
contrario, no inteligentes.
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